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miércoles, 17 de junio de 2015

La curiosidad mató al gato.

Cuando te dicen que hay algo que no puedes ver lo único que quieres es ver eso que no puedes.
Así tengas que perseguir, ocultarte y espiar, tu  vas a ver eso que quieres ver.
Es como espiar por el ojo de una cerradura, como cotillear un móvil ajeno, nunca sabes con qué te vas a encontrar.
Si espías eres responsable de lo que ves. Nunca sabes que vas a encontrar espiando por el ojo de la cerradura.
A todos nos gustas hurgar, cotillear, espiar… aunque a veces no estemos preparados para lo que podamos ver por el ojo de la cerradura.
Mirando por la cerradura puedes llegar a robar verdades, verdades que pueden doler, y mucho.
El problema de espiar no es lo que se ve, sino todo lo que no se ve…
Mirar por el ojo de la cerradura nos da una visión limitada de la realidad, muy estrecha y pequeña.
Todo lo que queda afuera de lo que el ojo de la cerradura no nos deja ver es como si no existiera.

Para ver por el ojo de una cerradura tienes que cerrar un ojo, ver solo una parte de la escena.
Es irresistible, siempre queremos saber qué hay del otro lado de la cerradura ¿pero estamos preparados?
Tras el ojo de la cerradura viven grandes secretos, secretos que significan una vida y a veces grandes cambios.
¿Vendrá de ahí el dicho de ´´La curiosidad mató al gato´´?